Peter Brill, el joven piloto de la Luftwaffe que fue entrenado para bombardear Nueva York

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Miles son las historias, sucesos y anécdotas que tuvieron lugar durante los seis largos años que duró la Segunda Guerra Mundial. Algunas de ellas sumamente conocidas y de las que se ha publicado de todo e incluso escrito libros, novelas y películas.

Sin embargo hay un buen puñado de ellas que han pasado prácticamente desapercibidas y que se ha sabido de su existencia muchas décadas después de haber tenido lugar.

Una de esas apasionantes historias es la que os traigo hoy y de la que me enteré hace relativamente poco tiempo, cuando Pere Cardona (autor del fantástico blog Historia Segunda Guerra Mundial) contactó conmigo para hacerme saber que había publicado un libro junto al galardonado director de cine y fotógrafo argentino Laureano Clavero y que llevaba por título ‘El diario de Peter Brill’.

En él se explica la historia del joven alemán Peter Brill (contado en primera persona) cuyo mayor deseo era poder volar. Le pilló por medio la IIGM y no desaprovechó la ocasión para formar parte de la Luftwaffe (fuerza aérea del Tercer Reich).

Entre las muchas anécdotas que se explican en este apasionante libro hay una que voy a resaltar y, aunque no voy a destripar demasiado para que tengáis opción de comprar un ejemplar, os contaré cuál fue el plan que trazó el Führer con la intención de bombardear la ciudad de Nueva York. Un plan que, como bien sabréis, nunca llegó a ponerse en marcha.

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Peter Brill era apenas un adolescente de 17 años de edad (nació en 1924) cuando en 1941 quiso alistarse a la Luftwaffe. En un principio contó con la oposición paterna que finalmente tuvo que ceder al deseo de su hijo ante la amenaza de éste de marcharse de casa. Pero el propósito del muchacho no era ir a la guerra sino poder volar y pilotar los fantásticos aviones que la fuerza aérea alemana poseía.

Tenía experiencia en volar (aunque lo había hecho en ‘vuelos sin motor’) y deseaba con todas sus ansias hacerlo en un avión de guerra. La perfecta organización de propaganda nazi se había encargado de convencer a cientos de miles de jovencitos de que se ganaría fácilmente la guerra.

En octubre 1942 fue enviado a formarse a la Base Aérea de Fürstenfeldbruck, lugar célebremente conocido por la masacre que tuvo lugar treinta años después durante los JJOO de Múnich tras haber sido reconvertido provisionalmente en villa olímpica. Allí Peter recibiría formación y ya entrados en el año 1943 sería uno de los escogidos para ser entrenado específicamente para llevar a cabo una misión secreta: volar hasta Estados Unidos y bombardear la ciudad de Nueva York.

Hitler quería demostrar al mundo (y sobre todo a los Aliados) que era capaz de dar un golpe de efecto y atacar por sorpresa uno de los lugares más inexpugnables del planeta (evidentemente en aquella época).

No era una empresa fácil de llevar a cabo, debido a que los pilotos deberían sobrevolar el Océano Atlántico que separa el continente europeo del americano y recorrer de una sola tacada los seis mil kilómetros de ida (una vez sobre NY dejar caer las bombas) y otros tantos kilómetros de vuelta, todo ello sin hacer ninguna escala.

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Para ello necesitaban llevarlo a cabo con un bombardero con capacidad suficiente para aguantar todas esas horas de vuelo, por lo que se pensó en el ‘Heinkel He 177 Greif’, un gigantesco aeroplano de 30 metros de envergadura y 20 de longitud que disponía de cuatro motores y dos hélices. Llevaban trabajando en su perfeccionamiento desde 1939.

El problema radicaba en la autonomía del mencionado bombardero, el cual podría realizar sin problemas alrededor de 6.500 kilómetros, la mitad de lo que debía recorrer (contando la ida y vuelta, tal y como he comentado un par de párrafos más arriba).

Para ahorrar combustible y que éste llegara para todo el viaje se planeó que los Heinkel He 177 Greif despegasen de Alemania con los cuatro motores en marcha para posteriormente cambiar a solo dos motores, llegar a Nueva York, descender, bombardear la ciudad y regresar.

Todo ello casi imposible y al que se le iban probando diferentes opciones como repostar en alguna base que estuviera ubicada en un punto intermedio. Pero el Heinkel He 177 Greif comenzó a presentar continuos problemas de motor

Incluso se estudió el acoplar un Messerschmitt ‘parásito’ a un bombardero Ju-390. Pero una tras otra las diferentes opciones fueron descartándose y tras cuatro meses, en los que Peter Brill (junto a un pequeño grupo de escogidos) estuvo recibiendo entrenamiento específico para llevar a cabo tal misión, finalmente desestimó por completo ponerla en marcha y quedó en el olvido, siendo ésta una de las operaciones bélicas que más le hubiera interesado realizar a Hitler como demostración de poder y fuerza. Algo que, en la primera mitad de 1943, al Führer empezaba a faltarle.

Esta es solo una de las anécdotas históricas que se recogen en el libro recientemente publicado ‘El diario de Peter Brill’ de Pere Cardona y Laureano Clavero (publicado por la Editorial Dstoria) y cuya lectura os recomiendo. Una apasionante historia de un joven que quería volar y se alistó en la Luftwaffe y acabó preso durante tres años, tras finalizar la IIGM, en un campo de prisioneros soviético. Su vida de adulto lo trajo a trabajar a España, donde residió en Valencia, Barcelona y Palma de Mallorca. Ya en su vejez fue cuando tuvo la oportunidad de dar a conocer todas sus vivencias (la relatada en este post es solo una pincelada) a Laureano Clavero que filmó un documental y fue el origen del libro.

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Peter Brill falleció en Palma de Mallorca el 22 de febrero de 2013 a los 89 años de edad.

Mis más sinceros agradecimientos a Pere Cardona y Laureano Clavero por la información facilitada, así como a Manuel P. Villatoro de quien también he obtenido documentación para este post.

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