El piloto soviético que desertó llevándole al enemigo occidental el avión más secreto y preciado de la URSS

A lo largo de las cinco décadas que duró la Guerra Fría, que mantuvo en continua
tensión política al planeta debido al enfrentamiento entre el bloque Occidental (liderado por Estados
Unidos) y el bloque del Este (con la
Unión Soviética en la cabeza) miles fueron las personas de uno y otro lado del telón de acero que desertaron hacia el
bando contrario.

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Famosísimas fueron algunas de esas fugas (muchas de ellas de
personajes relevantes), pero sobre todo las que se dieron fueron de personas que huían de la dictadura
soviética en busca de un soplo de libertad
. Aunque el destino de un gran
número de ellos fueron los Estados Unidos (persiguiendo el idealizado ‘sueño americano’ que podían haber
leído en las revistas adquiridas en el mercado negro), los desertores de los
países del Este se desperdigaron por un gran número de lugares de todo el
planeta.

El 6 de septiembre de 1976 se produjo una de las fugas más
sorprendentes: la de Víktor Belenko,
un piloto del ejército soviético quien huyó de la Unión Soviética (se
encontraba destinado en la base de Chuguyevka, en Siberia Oriental) utilizando un caza MiG-25, que en
aquellos momentos era el avión más secreto y preciado de la URSS.

Su destino fue Japón, concretamente la pequeña población de Hakodate. El hecho de que Víktor Belenko
escogiera ese lugar, situado en la isla
de Hokkaido
a poco más 600 kilómetros en línea recta desde la base de Chuguyevka, se debió a que era el
aeropuerto más cercano (fuera de las fronteras soviéticas) hasta donde podía
llegar con el combustible del avión.

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Ese día Viktor salió junto con otros cazas MiG-25 a realizar unas prácticas y cuando llevaba un rato de vuelo su
avión desapareció de los radares. Desde el control soviético se especuló que
podría haber sufrido algún accidente y estrellado, dándole como muerto al cabo
de unas horas sin tener noticias de él ni del aparato.

En realidad lo que el piloto había hecho era
en volar a muy baja altura (por debajo de los cincuenta metros) lo que provocó
que no apareciera en el radar del mando soviético en dirección al océano y
dirigirse al aeropuerto comercial más cercano para aterrizar.

Cuando el MiG-25 llegó a Hakodate
apenas llevaba combustible para seguir volando, por lo que Viktor tuvo que
forzar un aterrizaje si no quería estrellarse. Al acercarse al aeropuerto tuvo
que esquivar un Boeing 727 con el que estuvo a punto de chocar, por lo que le
quedaba muy pocos metros de pista. Aun y así logró que el caza tocara suelo y
aunque salió de la pista unos cuantos metros consiguió hacerlo sin sufrir
ningún percance (aunque reventó una rueda y chocó contra una torre de
comunicaciones).

Evidentemente las autoridades niponas estaban alucinando al
ver aterrizar ese modernísimo avión que llevaba las identificaciones
soviéticas.

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En cuestión de minutos el caza estaba rodeado de curiosos
que transitaban por el aeropuerto pero, sobre todo, por militares japoneses que
retuvieron al piloto tal y como descendió del avión.

Las autoridades niponas pusieron a Víktor Belenko a
disposición de los Estados Unidos, siendo llevado a Norteamérica para ser
interrogado. Mientras tanto, expertos aeronáuticos desarmaron por completo el MiG-25 para conocer todos los secretos de esa obra de la
ingeniería soviética que tan intrigados los había tenido durante los últimos
años. Tenían en su poder uno de los grandes secretos de defensa de la URSS y
pensaban escudriñar hasta el más mínimo detalle.

Cuando la Unión Soviética tuvo conocimiento
de que su preciado avión de reconocimiento e interceptor estaba en manos
occidentales reclamó su inmediata devolución. Dos mes y diez días después el
MiG-25 les fue devuelto, pero no tal y como les había llegado sino desmontado
en piezas que iban en un buen número de cajas.

Por su parte, tras múltiples interrogatorios a Víktor Belenko
a lo largo de cinco meses, éste quedó libre de toda sospecha de ser un espía soviético
y se le permitió quedarse a vivir en los Estados Unidos. Aún reside allí, a sus
71 años de edad, aunque con otro nombre y a lo largo de estas cuatro décadas se
ha dedicado a comercializar con compatriotas rusos en un negocio de exportación
de productos estadounidenses.

Fuentes de consulta e imágenes: bbc / elhangardeyurigagarin
/ rusadas
/ Google
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/ Wikimedia
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