La rivalidad entre dos actores que provocó una batalla campal con una veintena de fallecidos

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Durante muchos siglos el teatro fue el único medio de entretenimiento masivo que tenía la población. Esto hacía que cada vez
que había una representación el teatro se llenase hasta los topes, asistiendo a
las funciones personas de todo tipo de clases sociales que acudían ávidas de
pasar un gran rato.

La escasez de teatros en muchas poblaciones y, sobre todo,
al no ser la de actor una profesión que ejercía demasiadas personas, hacía que los intérpretes
fuesen muy valorados por el público y crítica, existiendo exageradas
rivalidades entre ellos que podían causar verdaderos conflictos.

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Pero los disturbios que acabaron en tragedia, por culpa de una egocéntrica
rivalidad entre dos actores que se creían los mejores en interpretar a
Shakespeare
y que tuvo lugar en Nueva York el 10 de mayo de 1849, se lleva
la palma de todas las disputas actorales acontecidas a lo largo de la Historia.

Por un lado nos encontramos con el londinense William Mcready, quien fue considerado
en su época como el mejor actor inglés y el que mejor interpretó las obras de
su compatriota William
Shakespeare
. Parecía como si el genio de las letras ingresas hubiese
escrito, con tres siglos de anticipación, muchos de los personajes de sus obras pensando en Mcready.
Papeles que le venían al dedillo e interpretaba de forma soberbia. Tanto el
público como la crítica estaban convencidos de que era quien mejor encarnaba a
Macbeth.

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Al mismo tiempo, en el otro lado del Atlántico triunfaba en los escenarios
estadounidenses Edwin Forrest, un
actor trece años más joven que Mcready y al que la crítica
norteamericana empezó a encumbrar, pero se trataba de unas alabanzas provocadas
por un motivo patriótico en un momento en el que había una creciente antipatía
entre gran parte de la población hacia todo lo que fuese británico. Forrest se
había convertido en el orgullo patrio americano de las artes escénicas.

Parte del desencadenante de los disturbios de 1849 fueron
precedidos por un incidente ocurrido en Londres en 1845. Ese año Edwin Forrest
había viajado hasta el Reino Unido y representado varias de las obras que
llevaba en cartel, pero al interpretar a Macbeth no fue bien visto por los
británicos (que no concebían que ese papel lo interpretara otro que no fuera su
idolatrado William
Mcready
), motivo por el que, a pesar de hacer una gran actuación, Forrest
escuchó algunos silbidos durante su representación.

Cuatro años después, cuando Mcready anunció su viaje a Nueva
York para representar Macbeth en el Astor Opera House,
parte de la prensa americana comenzó a caldear el ambiente con el fin de hacerle un
recibimiento hostil y conseguir que la representación fuera un fracaso. Al
mismo tiempo, Forrest programó la misma obra en el cercano teatro Bowery, como si
de una competición se tratara por ver quién de los dos lo hacía mejor y atraía a más
público.

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Mcready hizo la primera de sus funciones programadas el 7 de
mayo de 1849 y entre el público presente (mayoritariamente fans incondicionales
del actor inglés que llenaban el teatro) se mezclaron un numeroso grupo de
partidarios de Forrest, quienes aprovecharon para abuchear e intentar
sabotear la función. Al mismo tiempo el actor estadounidense interpretaba su Macbeth en el Bowery,
consiguiendo salir aclamado por un público entregado y entusiasmado.

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El actor británico tras los incidentes anunció que regresaba
al Reino Unido, pero el empresario del Astor Opera House que lo contrató le
obligó (bajo amenaza de demanda) a cumplir con la segunda función que debía dar
el día 10 (algunas fuentes indican que influyó en repetir la representación la
solicitud firmada por 47 importantes y millonarios seguidores que le rogaban que
volviese a interpretarla). Sea cual fuere la razón, Mcready aceptó actuar tres
días después. Pero fue una decisión equivocada en vista a los trágicos acontecimientos
que sucedieron.

No sentó demasiado bien a los seguidores de Edwin Forrest
que hubiera esa segunda función y el 10 de mayo hasta los alrededores del Astor
Opera House llegaron cerca de diez mil personas con intención de reventar la
función y quemar el teatro si hacía falta.

Llevaba varios días calentándose el ambiente desde algunos
sectores de la prensa neoyorquina, que arengaban a la población a acudir en
contra del actor británico
y de todo lo que representaba la política
colonialista de su país.

Alrededor de 100 policías fueron a evitar cualquier tipo de
altercado, al que acompañaron cerca de medio millar de defensores del actor
inglés.

Pero el encontronazo entre unos y otros fue inevitable y lo
que comenzó con unos cuantos gritos e insultos acabó en una auténtica batalla
campal a puñetazo limpio y con los miembros de la policía descontrolados y disparando
a diestro y siniestro. El fatal desenlace fue el de una veintena de muertos (alguna fuente
cita que cerca de treinta) y alrededor de doscientos heridos.

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Los hechos tuvieron graves consecuencias políticas, ya que en
el verdadero trasfondo de todo aquel incidente estaba la tensión que desde
hacía muchas décadas se vivía en Nueva York por el continuo enfrentamiento
entre estadounidenses e inmigrantes, las clases altas y los trabajadores y el
odio o defensa que había hacia los británicos. Aquel cóctel de hostilidades
finalmente explotó por una absurda rivalidad entre dos actores shakesperianos.

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